Hombres Maltratados, por la escritora Laia Folguera

Índice
Prólogo de Jordi Caïs y Oscar Guasch, 11
Introducción, 15
Metodología, técnicas y enfoque del libro, 18
1. Definiciones y conceptos, 25
Violencia, 25 • Violencia y género: correlatos terminológicos, 28
2. El varón como víctima, 37
El varón como víctima, 41 • La agresión femenina, 45
3. Relatos de vida, 55
Paco: «Te encuentras fuera de la sociedad», 57 • Ramón: «Tengo un teléfono
que dan a las mujeres maltratadas», 72 • Enric: «Cuesta reconocer
que eres un hombre maltratado», 88 • Sergio: «Me gustaría que alguien
me escuchara», 98 • Ángel: «Es que a veces parece que el macho
no puede explicarlo», 108 • Juan: «Yo nunca he querido ser como mi
padre», 116 • Alberto: «Tus amigos se te van a reír cuando gires la esquina
», 123 • Manel: «No se detecta. Por esto no lo podía explicar
», 132 • Emili: «No me he sentido agredido físicamente porque no
me hizo daño», 141 • Luis: «Yo reconozco que también la pegué», 151
4. Análisis, 161
La (in)visibilización del fenómeno, 161 • La violencia de género redefinida
desde «el otro lado», 166 • Comunicando lo incomunicable, 176 •
La reacción ante el marco legal e institucional, 185
Conclusiones, 197
Anexos, 203
Anexo 1. Cuadro resumen de una propuesta de contextualización de definición
de «violencia», 203 • Anexo 2. Indicadores estabecidos para la
Macroencuesta sobre la violencia contra las mujeres (2006), 206 •
Anexo 3. Definiciones de los tipos de violencia presentados en la Macroencuesta
sobre la violencia contra las mujeres (2006), 207
Bibliografía, 209
Prólogo
La masculinidad es una cuestión política que los hombres no teorizan.
Pocos varones viven el género como un problema. Incluso aquellos
que crean problemas de género a otras personas tienen poca o nula
conciencia de estar haciéndolo. Para los hombres, el género sigue sin
ser una prioridad. Pero para muchas mujeres lo es. Por eso, desde mediados
del siglo pasado, existe un amplio movimiento (internacional e
interclasista) que ha hecho del combate contra la desigualdad de género
su razón de ser. Se trata del movimiento feminista. Esta reivindicación
política se apoya en el desarrollo de la segunda gran teoría sociológica
que sobrevivió al siglo pasado (la primera es el constructivismo):
la teoría feminista. Se trata de un marco teórico complejo, que sigue
vigente, y que aún es útil respecto a los fines para los cuales fue creado.
El feminismo es teoría política y es movimiento social. Hay muchas
clases de feminismo. Está el feminismo de la opresión, el de la
igualdad y el de la diferencia. También existe un feminismo radical y
otro que es conservador (si se toma como criterio clasificador sus puntos
de vista sobre sexualidad). El feminismo es un invento occidental,
creado por mujeres blancas heterosexuales solventes. Pero también
existe un feminismo negro, un feminismo poscolonial y otro que es
lesbiano. Incluso las personas transgeneristas han desarrollado la teoría
feminista en términos de transfeminismo. No hay un feminismo
mejor que los otros. Todos los feminismos tienen la misma legitimidad
teórica y política. Y el feminismo de los hombres no es menos
legítimo que el feminismo de las demás.
En cualquier caso, nuestras sociedades siguen sin tratar la masculinidad
como un problema social: sea en términos de salud pública
12 Hombres maltratados
o bien como un problema de identidad. Aunque es preciso recordar
que algunos hombres sí están dando respuestas políticas a las cuestiones
que plantea la revuelta feminista. Es el caso del MHX (Movimiento
de Hombres por la Igualdad). Los hombres igualitarios (así se hacen
llamar) son, al menos, tan plurales como las feministas, pero
coinciden con ellas en denunciar la desidia de los hombres a la hora de
implicarse en la lucha contra la desigualdad de género. Los hombres
igualitarios también denuncian la complicidad del silencio masculino
con la violencia que demasiados varones ejercen contra las mujeres
que dicen amar. Los hombres igualitarios suelen definirse como varones
pro feministas. Muchos de ellos entienden que el feminismo es un
instrumento creado por mujeres que los hombres no deberían colonizar.
No es este el punto de vista de quienes firman este prólogo. Si
para ser marxista no es preciso ser pobre, para ser feminista no es preciso
ser mujer.
Con la excepción de los hombres igualitarios y de algunos (más
bien pocos) varones gays, la mayoría de los hombres no viven el género
como un problema personal o social. Así que deberíamos congratularnos
de que algunos empiecen a hacerlo, aunque sea desde un punto
de vista inesperado: el de los varones que narran sufrir maltratos por
parte de mujeres que son o han sido sus parejas. Parece claro que los
grupos dominantes (sean estos hombres, blancos, heterosexuales o válidos)
nunca cuestionan el lugar de privilegio que ocupan en la estructura
social. Por eso es importante que los hombres que se sienten víctimas,
presenten sus relatos y experiencias ante la sociedad. Es de
esperar que ni la corrección política ni el resentimiento impidan reconocer
la experiencia de estos hombres. Sus relatos de dolor, su angustia,
o sus sentimientos de humillación, son tan reales como los de otras
personas y merecen el mismo respeto, la misma justicia y el mismo
consuelo. Este libro es un libro feminista porque aplica la teoría de
género al análisis de la violencia que padecen los varones. Es un libro
feminista que debería haber sido escrito por un hombre. Pero eso todavía
no es socialmente posible. Todavía no se dan las condiciones de
posibilidad para que ciertas realidades sean visibles, escuchadas y respetadas.
Esto último es algo que este libro deja claro.
Esta investigación es pionera en España y llena un vacío académico
en los estudios de género. El libro analiza las estrategias de
adaptación social y los procesos de construcción de una nueva identi-
Prólogo 13
dad «masculina» por parte de varones españoles maltratados por sus
mujeres y que han hecho pública su condición. Ellos mismos se definen
como casos excepcionales debido a que consideran que sus experiencias
no encajan con las del imaginario colectivo. Tienen muchas
dificultades para expresar su condición de víctimas porque en España
el fenómeno del varón maltratado es aún social y académicamente
invisible. Las pocas veces que aparecen casos en los medios de comunicación
es para remarcar su excepcionalidad. Estos varones sienten
vergüenza por no adecuarse al ideal masculino de poder y de
control, y también por las reacciones burlescas que produce el relato
de sus vivencias. Al estar «al otro lado» de la violencia en el ámbito
de la pareja, estos varones redefinen el discurso para reubicarse (personal
y políticamente) ante la cuestión de la «violencia de género».
Estos varones presentan un discurso de género que se desmarca de la
masculinidad hegemónica, al tiempo que rechazan los comportamientos
«masculinos» que creen que deslegitimarían su situación de «víctimas
».
Este es un libro de relatos de vida. En él se presentan diez relatos
biográficos, creados a partir de la realización de diversas entrevistas
con cada sujeto siguiendo la filosofía del Análisis Cualitativo Longitudinal
aplicada a la construcción de relatos de vida mediante entrevistas
sucesivas. Ello ha permitido a la autora profundizar en las vivencias
narradas, matizar también la complejidad del tema tratado y
minimizar las dificultades para la expresión de los conflictos referidos.
La obtención de la muestra de varones heterosexuales que afirman
sufrir (o haber sufrido) violencias físicas o psicológicas por parte
de mujeres y que ofrecen su testimonio en los relatos de vida que se
encuentran en este libro es fruto de un trabajo de campo de más de dos
años. En ese tiempo, la autora ha realizado más de treinta muestras y
ha hecho un seguimiento en profundidad de diez casos escogidos a
partir de los criterios de adecuación a la investigación, interés y voluntad
de participar en el proyecto y disposición de compartir documentos
personales. La lectura de los relatos de vida es absorbente. La
autora, en una narración presentada en primera persona, revisa el proceso
a través del cual estos varones toman consciencia de la importancia
de su masculinidad para interpretar las experiencias de maltrato.
La investigadora, a partir de las entrevistas que conforman los relatos
de vida, sigue la evolución de estos varones para medir y explorar los
14 Hombres maltratados
cambios en su vida cotidiana y ver también sus estrategias de «acomodo
identitario». Hay que destacar que este es un libro metodológicamente
importante, porque demuestra que el recurso de realizar diversas
entrevistas a lo largo del tiempo al mismo informante es esencial
para gestionar una interacción entrevistador-entrevistado en la que
emociones, sentimientos y recuerdos de una vivencia conflictiva y privada
se unen para construir el relato final.
A diferencia de lo que sucede en otros países de Europa, Estados
Unidos o América Latina, en España las masculinidades apenas han
sido objeto de estudio, y la violencia ejercida contra los varones apenas
incide en los ámbitos académicos o en los medios de comunicación.
El concepto de «violencia de género» remite usualmente a la
violencia ejercida por varones contra mujeres. Ser mujer y víctima de
esta forma de violencia es, lamentablemente, un binomio habitual.
Pero la violencia contra las mujeres es solo una de las muchas formas
de violencia de género que existen. En la violencia contra las lesbianas,
contra las personas transexuales o contra los hombres que no dan
la talla, el género también es la variable explicativa central. Habrá que
empezar a debatir el modo en que el género condiciona la violencia
que algunas mujeres ejercen sobre los hombres en el marco de relaciones
de pareja. Pero por ahora, pensar a los varones heterosexuales
como víctimas de la violencia que ejercen sus parejas es una posibilidad
poco contemplada. Y de ahí se deriva el doble estigma que padecen
los hombres maltratados. Se trata de un estigma que habita en la
mirada de otros hombres que contemplan con ironía y con sarcasmo
esa clase de situaciones. Se trata de un estigma que también habita en
la mirada de ciertas mujeres que niegan que esta clase de violencias
sean social o políticamente relevantes. Por causa de ese estigma la
autora de este libro ejerce la función que Erving Goffman denomina
«el papel de sabio». El sabio, la sabia en este caso, da voz a los que no
la tienen y presenta de manera respetuosa ante la sociedad el sufrimiento
de los silenciados.
Jordi Caïs y Oscar Guasch
Dep. Sociología y Análisis de las Organizaciones
(Universitat de Barcelona)

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