Erin Pizzey cree que el feminismo destruira a la familia

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EL MALTRATO HUMANO: DEFINICIONES

Como principio, es bueno recordar, cuales son las definiciones que tienen algunas palabras en la lengua castellana, ya que con mucha facilidad se utilizan como sinónimos, significados mas eufemísticos que reales. En la actualidad parece existir una tendencia que se inclina a modificar el significado de las palabras, para conseguir que con una misma denominación, se produzca, en ocasiones, justo lo contrario de lo que se pretendía.

maltratar.
1. tr. Tratar mal a alguien de palabra u obra. U. t. c. prnl.
2. tr. Menoscabar, echar a perder.

&
abusar. (De abuso).
1. intr. Usar mal, excesiva, injusta, impropia o indebidamente de algo o de alguien. Abusaba DE su autoridad.
2. intr. Hacer objeto de trato deshonesto a una persona de menor experiencia, fuerza o poder. Abusó DE un menor.
&
maldad. (Del lat. malĭtas, -ātis).
1. f. Cualidad de malo.
2. f. Acción mala e injusta.
&
pervertir. (Del lat. pervertĕre).
1. tr. Viciar con malas doctrinas o ejemplos las costumbres, la fe, el gusto, etc. U. t. c. prnl.
2. tr. Perturbar el orden o estado de las cosas.
&
igualdad. (Del lat. aequalĭtas, -ātis).
1. f. Conformidad de algo con otra cosa en naturaleza, forma, calidad o cantidad.
2. f. Correspondencia y proporción que resulta de muchas partes que uniformemente componen un todo.
3. f. Mat. Equivalencia de dos cantidades o expresiones.
~ ante la ley.
1. f. Principio que reconoce a todos los ciudadanos capacidad para los mismos derechos.
&
alienar. (Del lat. alienāre).
1. tr. enajenar. U. t. c. prnl.
2. tr. Producir alienación (‖ proceso de transformación de la conciencia).
&
alienación. (Del lat. alienatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de alienar.
2. f. Proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición.
3. f. Resultado de ese proceso.
4. f. Med. Trastorno intelectual, tanto temporal o accidental como permanente.
5. f. Psicol. Estado mental caracterizado por una pérdida del sentimiento de la propia identidad.
&
enajenar.(Del lat. in, en, y alienāre).
1. tr. Pasar o transmitir a alguien el dominio de algo o algún otro derecho sobre ello.
2. tr. Sacar a alguien fuera de sí, entorpecerle o turbarle el uso de la razón o de los sentidos. El miedo lo enajenó. U. t. c. prnl. Enajenarse por la cólera. Se enajenó de sí.
3. tr. Extasiar, embelesar, producir asombro o admiración. U. t. c. prnl.
4. prnl. Desposeerse, privarse de algo.
5. prnl. Apartarse del trato que se tenía con alguien, por haberse entibiado la relación de amistad. U. t. c. tr.

Por qué detesto el feminismo….y creo que
destruirá finalmente a la familia

Erin Pizzey

Erin Pizzey estableció el primer refugio en el mundo para mujeres maltratadas en 1971 y siguió para establecer un movimiento internacional para las victimas de la violencia domestica. Pero lo que nunca antes ha hecho público es que su propia infancia estuvo marcada por la tremenda crueldad de sus dos progenitores. Aquí, por primera vez, ella cuenta su desgarradora historia – y como la llevó a una sorprendente pero profunda sentida, conclusión…

Infancia Torturada: Erin Pizzey fue maltratada por su padre y por su madre

Aunque recuerdo poco de mis primeros años, crecí en un mundo de extraordinaria violencia. Nací en 1939 en Tsingtao, China y muy pronto después mi familia se trasladó a Shangai con mi padre diplomático, fuimos capturados por el ejército de invasión Japones. En 1942, la guerra estaba acercándose y fuimos mantenidos en arresto domiciliario en la casa, hasta que fuimos intercambiados por prisioneros de guerra Japoneses y puestos en el último barco que salió de China.

Mi padre fue enviado a Beirut por el servicio diplomático y nosotras quedamos como refugiadas en Kokstad, Sudafrica. De vivir en una casa enorme con una flota de sirvientes y una niñera, mi hermana gemela Rosaleen y yo estuvimos de repente a merced del mal temperamento de mi madre Pat. Y era violento. Habiendo escapado de la brutalidad de la guerra, fuimos introducidas en una nuevo estilo de crueldad domestica.

Ciertamente, el temperamento explosivo de mi madre y el comportamiento maltratador, modelaron como ningún otro acontecimiento de mi vida, a la persona en que me convertí mas tarde.

Treinta años más tarde, cuando el feminismo irrumpió en escena, fui a veces confundida con una seguidora del movimiento. Yo no he sido nunca una feminista, porque, habiendo experimentado la violencia de mi madre, yo siempre supe que las mujeres pueden ser tan despiadadas e irresponsables como los hombres.

Maltratada emocionalmente: Erin de niña (izquierda) y su hermana gemela Rosaleen con sus padres

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por cierto, voy a ir mas allá para decir que el movimiento que proclamaba que todos los hombres son potenciales violadores y maltratadores estaba basado en una mentira, que si se deja prosperar, resultará en la completa destrucción de la vida familiar.

Desde los primeros comienzos, yo luche contra mi madre y rápidamente aprendí a disociar yo misma del dolor de sus palizas.

Sin embargo sus palabras quedaron conmigo toda mi vida. ‘Eres una inútil, perezosa y fea’, gritaba. ‘Te pareces a la familia de tu padre – basura Irani.’

Eran palabras despiadadas que he oído repetir una y otra vez a madres en muchos sitios. Por el contrario, cuando mas tarde yo abrí el refugio para mujeres maltratadas, 62 de las primeras 100 mujeres que entraron por la puerta eran tan maltratadoras como los hombres que habían abandonado.

Ella sin embargo, estaba en lo cierto: me parecía a mi padre, Cyril. Mientras que mi hermana gemela era delgada y tenía el pelo largo y oscuro, y los profundos ojos azules de mi madre, yo era gorda y de pelo rubio, desgarbada, bulliciosa y con desparpajo.

Tenía solo cinco años pero sabía que mi madre no me gustaba

Tenía solo cinco años, pero sabía que mi madre no me gustaba. Y sin sirvientes que ahora la refrenaran, arremetía cuando a ella le daba la gana.

Cuando por fin nos unimos con mi padre en un piso de Beirut, pronto me di cuenta de que él tampoco era un santo. Él constantemente gritaba y se enfurecía con todos nosotros.

Estaba particularmente consumido por los celos. Incluso aunque maltrataba verbalmente a mi madre y rara vez mostraba su afecto, parecía impulsado a seguirla a todos lados como un perro guardián.

Si ella hablaba por teléfono, el la acribillaba a preguntas hasta que se le saltaban las lagrimas. Si salía de compras, él caminaba de un lado a otro de la habitación hasta que volvía y explotaba en furia si ella volvía más de cinco minutos tarde.

Odiaba a mi padre con todo mi infantil corazón – y estaba verdaderamente aterrorizada por él. Medía seis pies y cuatro pulgadas de alto, constitución enorme y tenía una gran tripa que colgaba sobre su cinturón. Miraba fijamente con brillantes y redondos ojos azules y tenía una gran boca descuidada que babeaba sobre mis labios cuando me besaba.

Nunca creyó en los baños, que decía eran debilitadores’ y fumaba latas de Cigarrillos Players, que le hacían oler como un cenicero. Sus rabias eran explosivas e impredecibles.

Lozana: Erin Pizzey fundadora del Refugio de caridad para la violencia domestica, fotografiada aquí cuando tenía solo 11 años

Pero a parte de su torpe y previsible forma de brutalidad masculina — nacida de ser el décimo séptimo hijo de un padre Irlandes violento- fue la forma de maltrato mas emocional, verbal, de mi madre la que me marco mas profundamente.

Ella se permitía una particular clase de asesinar el alma – y fue su crueldad la que, aun 60 años después, todavía me hace llorar y me deja convencida de que el feminismo es una táctica cínica, e insensata.

Desgraciadamente, por aquel entonces lo que yo quería mas que nada era que mi madre me quisiera – algo que nunca sentí que lo hiciera verdaderamente. Y bien, cuando mi papá fue destinado a Chicago, y seguí a mi madre a Toronto para vivir con mis padrinos, estaba en principio esperanzada. Creía que sin la presencia de mi padre, ella tendría tiempo para ser una madre auténtica.

Pero una vez en el seno de una familia normal pronto apareció mi propio comportamiento disfuncional. Parece que ya había sido dañada demasiado malamente por el odio de mi madre hacia mí.

Estaba siempre en problemas en el colegio, alentando a los otros niños a comportarse tan mal como yo lo hacía. En una ocasión, me cogieron estando sentada en el umbral regalando el dinero que le había robado a mi madre del bolso.

No hay ni que decirlo, mi madre se volvió loca. Ella me llevó arriba y me pegó con un cinturón de metal hasta que la sangre me bajó por mis piernas. Le mostré mis lesiones a mi maestra la mañana siguiente – pero ella solo las contemplo impasible y no hizo nada.

Muchos años más tarde, cuando los feministas comenzaron a demonizar a todos los padres, estas imágenes sombrías continuamente me recordaban la verdad – que la violencia domestica no es un asunto de género.

Me pegó hasta que la sangre me corrió por las piernas

Pronto tras la Guerra, mi padre fue enviado a Teherán y todos nos fuimos a vivir con él. Fue únicamente cuando le vi de nuevo, fue cuando me acorde de lo mucho que le odiaba.

El volvía a casa de la oficina, y según metía la llave en la cerradura me quedaba helada. A menudo le oía tosiendo al otro lado de la puerta – todavía era un fumador empedernido – y escupir flemas en las flores.

Sus ojos eran las ventanas de sus violentos estados de ánimo. Si estaban estrechos y rojos, sabía que él estaba furioso y sólo sería cuestión de tiempo el que se brotase.

Pero mi odio a mi padre era puro y no contaminado por cualquier otra emocion. Mis sentimientos hacia mi madre, sin embargo, eran mucho más complicados.

Tanto como me sentía desconsolaba por su odio hacia mi, aun luchaba verdaderamente por su amor. De hecho, tuve momentos de gran compasión hacia ella cuando la vi llorando y gimiendo delante de mi padre.

Ocasionalmente, ella contraatacaba contra su brutalidad. Media solo 4pies y 9 pulgadas de alto, pero mi madre era sumamente fuerte y su lengua era letal. Ella le acusaba de ser un zoquete y un idiota. Llamaba a su madre prostituta y a su padre borracho irlandés común.

Envejeciendo con dignidad: Erin Pizzey como está en la actualidad

De manera poco sorprendente, mi hermano y mi hermana fueron ambos niños retraídos y silenciosos. Mi hermana padeció de dolores de cabeza, eczema supurante y misteriosos días de parálisis en los que era incapaz de levantarse de su cama.

Para los de fuera, mi padre era un hombre amable, inteligente y mi madre una famosa anfitriona de fiesta con tres bellos niños y una perfecta familia diplomática. De hecho, mis padres fueron ambos violentos, personas crueles y todos nosotros fuimos profundamente perjudicados.

En 1949, mi papá fue enviado de vuelta a Tien Sien, en China. Me dejaron interna con mi hermana gemela en un colegio – Leweston, cerca de Sherborne en Dorset – y mi hermano acompañó a mis padres.

Sin embargo, muy poco después de que mis padres tomaran posesión del cargo, fueron capturados otra vez – esta vez por los comunistas – y estuvieron en arresto domiciliario durante tres años.

Sin ellos, sentí una verdadera sensación de paz y amé mis vacaciones en St Mary en Uplyme, una casa de vacaciones para niños cuyos padres estaban al extranjero. La Sra. Williams, que dirigía el negocio, fue el primer adulto al que yo en realidad admiré y respeté. Ella llegó a ser mi mentor.

Pero este idilio fue desbaratado cuando oí que mis padres habían sido puestos en libertad. Recuerdo que en el convento me llamaron al teléfono para hablar con mi madre. Había borrado completamente de mi vida a mis padres y así cuando oí su acento canadiense, solo acabe llorando bajo el telefono.

¡‘Usted no es mi madre’! grité, excesivamente consciente de que todo el circo estaba a punto de comenzar de nuevo.

Cuando mi madre regreso por primera vez a una casa en las afueras de Axminster, disfrutamos de una incomoda tregua. Ahora, yo era mas alta que ella y también demasiado grande para que ella me pegara.

En lugar de eso, ella comenzó a enumerar los defectos de mi padre y las atrocidades que él nos había infligido a todos nosotros, como si yo fuera ahora su confidente. Ella me contaba cuánto le odiaba y que ellos nunca deberían haberse casado.

‘pero me quedé para ti,’ me dijo. ‘Me quedé porque quería que fueras a un colegio privado y disfrutes de un confortable estilo de vida.’

Tomé la decisión de que apuñalaría a mi padre

Otra vez más, ella estaba desatando su peculiar marca de crueldad emocional, y colocando toda la responsabilidad – y la culpabilidad – en mí. Fue un patrón de comportamiento que presenciaría una y otra vez entre algunas de las mujeres en mi refugio.

El día en que mi padre debía de unirse a nosotros en la nueva casa, mi madre era un manojo de nervios. Estaba llorando y agarrándose a mí, exigiendo que la protegiera. ‘No le quiero en ningún sitio cerca de mí, ‘ ella dijo.

En familias disfuncionales, los niños, sin importar lo mal que hayan sido tratados, intentarán tomar el papel de progenitores. Para mí, esto incluso significaba proteger y confortar a mi madre.

Y así, en la noche del regreso de mi padre, cogí un gran cuchillo de trinchar de la cocina y me acerqué al dormitorio de mis padres, donde miré con atención a través de un boquete en la puerta. Pasaron la noche en camas separadas y yo tomé la extraordinaria decisión de que le apuñalaría si él intentaba forzarla.

Yo estaba, después de pensarlo, siguiendo las tácitas órdenes de mi madre. Sorprendentemente ella me había manipulado hasta tal punto, que estaba dispuesta ahora a cometer un homicidio para ella.

Ciertamente mi padre intentó hablar de sus intenciones, desde su cama. Por fortuna sin embargo, él no lo intento físicamente. Si lo hubiera intentado, él ahora estaría muerto y mi vida habría resultado muy diferente.

En los 1950s, mientras estaba trabajando en Hong Kong, mi madre fue diagnosticada de cáncer terminal. Regresé a nuestra casa de cerca de Axminster – y encontré a mi padre impasible.

En ese momento estaba tratando de obligar a mi madre a traspasarle a él, la posesión de su dinero – ella había recibido de su padre una herencia considerable -. Semana tras semana, en el hospital local rural, ella se negó y semana tras semana, él echó pestes y despotricó de ella, mientras ella se retorcía de dolor. Les rogué a las enfermeras que le detuvieran, pero dijeron que nadie podía interponerse entre un hombre y su esposa.

Al principio, mi madre se negó a creer que se estaba muriendo. Pero cuando mi padre finalmente la doblegó y la intimidó a firmar los escritos, su vida comenzó a ir apagándose de verdad.

Murió el 16 de septiembre de 1958, y a mi padre le trajeron el cuerpo a casa y le colocaron en el comedor. Esa noche, mientras ella yacía al lado, nos sentamos a cenar en la mesa en el vestíbulo.

Nos hizo permanecer despiertas con la visión de su cuerpo descomponiéndose

 Después de la cena, mi padre nos mandó entrar al comedor, donde estaba abierto el ataúd de mi madre, cubierto con una tela roja. Mi hermano, mi hermana y yo le rogamos a mi padre que no quitara la tela, pero cuando cerramos por un momento los ojos para rezar una oración por ella, los abrimos para ser enfrentarnos a la palidez de su cara. Lúcidamente recuerdo que había algodones sobresaliendo de su nariz.

Todas las noches, aguantamos despiertos delante del cuerpo de mi madre y cada noche ella estuvo expuesta a la humillación de tener a sus hijos viendo su visible descomposición. Por fin, seis días después, mi padre la enterró.

Salí de casa al día siguiente y sólo le vi una vez más – cuando llevé sus cenizas a la tumba de mi madre en 1982.

Sólo decidí hablar de mi traumática infancia la semana pasada – en un programa de radio de la BBC llamado ‘La Casa donde crecí’ – pero decidí hace mucho tiempo que no repetiría las tóxicas lecciones que aprendí de niña. En lugar de eso, me convertiría en una superviviente.

Me di cuenta de que el feminismo era una mentira. Las mujeres y los hombres son ambos capaces de extraordinaria crueldad. Ciertamente, la única cosa que un niño realmente necesita – dos padres biológicos bajo un techo-, estaba siendo socavada por la misma ideología que proclama hablar en defensa de los derechos de mujeres.

Este país está ahora al borde de un serio colapso moral. Debemos parar el demonizar a los hombres y comenzar a sanar la brecha que el feminismo ha creado entre hombres y mujeres.

La filosofía insidiosa y manipuladora de Harriet Harman, de que las mujeres son siempre víctimas y los hombres siempre los opresores, sólo pueden continuar este ciclo indecible de violencia. Y son nuestros hijos los que sufrirán.

(traducido con permiso de la autora por CL-maltrato.eu)

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