MARCADOS PARA SIEMPRE

Muchos recordaremos a Errol Flynn, aquel actor que protagonizó la película, Robin Hood, ya desaparecido.

Errol se casó tres veces, tuvo problemas con sus tres mujeres. Hoy no podemos preguntarle y no nos puede contar como fue su infancia para poder hacer un análisis de su estado emocional, pero si podemos hacer una reflexión sobre esta persona, lo cual no quiere decir que sea acertada, pero podría serla.

Cuando este actor era niño vivía con su padre y con su madre como cualquier otro. Su madre mantenía relaciones con otros hombres sin que su padre lo supiera, pero la madre debía estar en las nubes, o quizás tenia un grave problema mental.

Se cuidaba de que su marido no se enterara y le era infiel en su propia casa, pero no se cortaba ni un pelo, porque lo hacía estando su propio hijo y el niño se enteraba.

Errol fue un gran actor, pero aquello debió ser un trauma para él, creándole rebeldía y desconfianza hacia las mujeres. Este podría ser el motivo de las malas relaciones con sus parejas.

Muchas personas dirán que esto no tiene porque ser así, pero hay que tener en cuenta que a los niños se les quedan cosas grabadas que las recordaran siempre.

Hay niños que cuando son muy pequeñitos, pueden llegar a sentir celos de su propio padre en el momento en que ven cómo su padre abraza o besa a su madre.

También a las niñas les pasa, aunque sea a la inversa, incluso siendo bastante mayores. Y es que cuando su padre besa a su madre se sienten celosas porque reclaman más atención del padre hacia ellas y, en ocasiones, llegan a odiar al padre porque se han sentido despreciadas.

Y si no fuera así, no tendría explicación, que después de un divorcio, la niña que pierde el contacto con su padre, pueda tener los siguientes efectos. Según las observaciones clínicas sobre las repercusiones de la ausencia temprana del padre en el desarrollo femenino. (Clínica social Work Journal,V. 17,  4, Winter, 1989). En respuesta a la ausencia del padre, surgen determinados hábitos de resistencia que pueden complicar la consolidación de una identidad femenina positiva en muchas niñas, y que puede observarse durante los años de latencia. Algunos síntomas de la existencia de ese fenómeno y de sus repercusiones a efectos de tratamiento son los siguientes:

  1. Negación y represión de sentimientos asociados a la pérdida del padre,
  2. Identificación con el objeto perdido,
  3. Necesidad material de la presencia del varón,
  4. Intensos trastornos de ansiedad de separación.

Esta explicación no podría darse en aquellos casos en que el padre o madre no hubieran mantenido una estrecha relación de afecto con sus hijos.

Precisamente una Jueza comentaba que su padre se iba los fines de semana de cacería, y por lo tanto aquel señor no se había comportado como un padre.

Por Manuel Álvarez      manuelalvarez222@outlook.com     23  de  junio  2011

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